JESÚS MARCOS

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CRÍTICAS

Jesús Marcos

En varias oportunidades me he ocupado del arte de Jesús Marcos. El destino, que se elude cumpliéndolo, quiere que vuelva a encomendarme esa grata tarea.

La pintura y la música son artes afines. Recuerdo que cuando pintaba me daba ánimo e inspiración escuchar música. No he sido el primero. Sabemos que a Leonardo le encantaba escuchar el laúd mientras pintaba. De allí, algunos deducen la sonrisa de la Gioconda.

La literatura también ha servido como argumento a las artes plásticas. Pensemos tan sólo en los Cristos y otros temas bíblicos como Adán y Eva.

Estas reflexiones vienen al caso ya que, aunque Marcos bautiza a una escultura como “Monumento Sonoro”, es a escritores con los cuales yo le siento mayor afinidad. No se trata de cualquier tipo de literatura. En el caso de Jesús, los maestros de la pluma que vienen a mi memoria son aquellos que ponen énfasis en el suspenso y el misterio. Tales, Conan Doyle o Raymond Chandler.

En el arte de Jesús Marcos yo detecto suspenso y misterio. No es fácil explicar a qué se debe ello. Sus visiones trasladadas al pincel son movedizas como su persona.

Nacido no por casualidad en Salamanca, 1938, arribó de niño a nuestro país y de allí en más fueron idas y venidas, vueltas y revueltas geográficas hasta radicarse entre nosotros.

Desde Castagnino y Berni, muchos son los maestros que reconoce, cercanos y lejanos. Tan saltarín como su persona son sus pinturas, perfectas en la precisión de formas y colores. Lo que intuimos es que siempre hay un más allá, algo que se nos oculta; siempre su mirada trasciende lo que vemos.

Esta última etapa de Jesús Marcos lo confirma en su condición de maestro de acento americano en una tradición hispánica. Yo lo reclamo como óptimo representante de la Escuela de Buenos Aires.

Rafael Squirru - Septiembre de 2010

Jesús Marcos


Jesús Marcos ha realizado, hasta la fecha, una vasta producción, tanto en cantidad de obras, cuanto en diversidad de problemáticas abordadas.

Desde sus comienzos en los años ’60, donde la fragmentación se filtra en su particular universo figurativo -no exento éste de resonancias orientadas hacia la construcción cubista, por un lado, y la vitalidad expresionista, por el otro-, hasta las obras más recientes, Marcos ha explorado y experimentado dentro de su interioridad para configurar una imagen posible de su propia visión del mundo. En esa travesía ha pasado por las contaminaciones pop asumidas en su estadía en Nueva York, el interés por el surrealismo que lo aproxima también a la poesía, la introspección reflexiva y crítica de los años ’70 y la celebración de la pintura en los ’80 y ’90.

Observando su postura frente al arte, podemos advertir que nunca se ha planteado el ejercicio de la práctica artística como una carrera de superación de obstáculos, sino como un modo de comprender y expresar el mundo. Este propósito lo alcanza mediante unos pocos, pero profundos interrogantes, o tal vez uno que los contiene a todos: la incertidumbre del hombre frente a un mundo inasible, complejo, multiforme y fascinante. Incluso también podría afirmarse que el desarrollo de su obra no transita una dirección que apunta hacia adelante, sino que practica obstinados retornos sobre sí mismo. De esta suerte, no resulta desacertado pensar que una constante barroca y vitalista merodea por entre sus trabajos, ya sean éstos recientes o lejanos. Resultado también de esa actitud es su interés por el fragmento, que le permite demorarse lo necesario como para pensar y repensar si el tiempo que nos toca vivir puede entenderse en su dispersión o en su integridad. 

Con esta postura rehúye la idea de un mundo totalizador, poco operativa en nuestra contemporaneidad dado que este paradigma ya hace tiempo viene siendo cuestionado. El uso del fragmento, como estrategia de representación, deja de ser un mero recurso de efecto plástico para asumir una semántica vinculada con el desmoronamiento del paradigma universalista y de las significaciones absolutas.

Con la pintura, el grabado, la cerámica o la escultura, Jesús Marcos procura recomponer el mapa de la realidad, o, más bien, presentar en su complejidad el mundo que nos rodea. De este modo, nos propone un mundo donde la realidad pareciera surgir, evocada mediante juegos de relaciones plásticas. Sin embargo, a poco que interroguemos las imágenes con algo de suspicacia, podremos sospechar que, detrás de ellas, el artista pone en evidencia el complejo proceso que el pensamiento activa en el fenómeno de aprehensión de la realidad. En un breve pero sustancioso escrito para la presentación de la muestra que el artista realizó en la galería Soudan en 1993, ya Fermín Fèvre había advertido este juego entre pensamiento y representación a propósito de su obra, invalidando la inscripción de Marcos en la categoría de “realista” para acentuar el protagonismo del fenómeno de la percepción.

En efecto, en obras tales como el xilocollage Ecos sonoros, 112 x 145, de 2006, aparecen perfiles de violines en forma fragmentaria y yuxtapuesta, en combinación con otras presencias de diverso origen, -así como recortes de periódicos y planos abstractos intencionadamente texturados- que acentúan el carácter plástico de la representación. La obra propone un distanciamiento del mundo de lo contingente para asumir una categoría estética autónoma.

Por lo general, y no obstante esta valoración de lo perceptual y del juego esencialmente plástico, sus collages, pinturas y objetos escultóricos, se presentan como visualización de un pensamiento que sospecha ámbitos ocultos tras la apariencia de la realidad. Ese proceso reflexivo procura conciliar la aparente dialéctica entre lo “real cotidiano” y lo real subyacente a éste. Las derivaciones de escenas de circo, las evocaciones africanas, las estructuras y los ecos sonoros de los últimos tres años, son, posiblemente, figuraciones de nuestro propio universo real, sólo que en lugar de ubicarse en el nivel de las contingencias cotidianas, se inscriben en el plano de las realidades profundas, aquéllas que sospechamos y que la creación estética es capaz de descubrir y, acaso, descifrar. Es aquí donde nos parece conveniente establecer cierta analogía con las premisas del surrealismo en tanto éstas sustentan el ideario bretoniano fundado en la noción de realidad absoluta, concebida en su totalidad y no en la negación de la realidad en pro de una visión imaginaria.

Advertimos también que en las obras que se reproducen en este volumen, las técnicas de descomposición del objeto tienen una indudable filiación con las poéticas del cubismo con lo que apreciamos una actitud típicamente contemporánea: la libertad con que el artista entra y sale por cada una de las tendencias, movimientos o escuelas del arte moderno. En estas técnicas se vale de recursos tales como la fragmentación de las formas o la estructuración del espacio representativo mediante yuxtaposición de planos que adquieren valor protagónico. Por lo demás, son estos planos los que organizan los diversos campos cromáticos definidos por barrocas combinatorias tonales. Éstas buscan una cuidadosa armonía en la articulación de luces y sombras y marcan el carácter conceptual de la práctica artística.

En cuanto al retorno a las imágenes africanas de sus trabajos más recientes, se trata de una búsqueda formal que le permite volver a las fuentes mismas de la expresión visual. Esta vuelta, que se da como valoración de lo planimétrico, le posibilita salir de lo atmosférico, entendido como ambientación espacial al modo impresionista, y regresar al plano que es para Jesús Marcos una premisa ineludible. De esta manera, al anular la ilusión de espacio, lo que excluye es la idea de distancia, de medida y, por consiguiente también, de vacío. El artista postula la vigencia de un espacio mental aprehendido desde el territorio de la imaginación, con lo que llega a la creación de una nueva realidad, autónoma y sugestiva, no sometida a las normas de la mimesis. Así, la realidad evocada en sus obras toma distancia de la realidad contingente.

Atentos a la importancia que en la representación de las imágenes de Marcos tiene el principio de incertidumbre que Baudrillard ha desarrollado con acierto -y que está planteado, como lo apuntamos precedentemente, en el alejamiento de la mimesis, en la fragmentación, en la ambigüedad, en la inestabilidad, en el desequilibrio y en el desborde - podríamos arriesgar una interpretación desde las actuales perspectivas del imaginaire. Éstas proponen una alternativa a las visiones de corte racionalista por lo que sugieren una lectura del mundo y del hombre atenta a las zonas oscuras del subconsciente y de la imaginación simbólica, fiel al cambio de paradigma epistemológico que rige en la actual interpretación de las ciencias humanas. En este sentido, pensamos que las propuestas de Gilbert Durand vertidas en su ensayo titulado La imaginación simbólica son válidas para comprender la postura de Marcos, en tanto el autor se ocupa allí de la dimensión simbólica de las grandes constelaciones de imágenes que el hombre forja del mundo.

Por lo demás, presencias de filiación surrealista, cubista, expresionista, neofigurativas -centradas éstas en la barroca exuberancia de la composición y de la combinatoria de recursos plásticos-, alientan en las obras de Jesús Marcos como si se tratara de una actitud “migratoria”. Ahora bien, ante esta pluralidad discursiva típica de una época como la que estamos viviendo, atentas a las relecturas y los revisionismos, estamos más aptos que nunca para dimensionar el valor de la multiplicidad que busca conciliaciones expresivas, sin caer en el recurso fácil de ver en ella una simple y reductora idea de eclecticismo.

Asimismo, creemos oportuno destacar que Marcos es de esos artistas que saben interpelar al espectador recurriendo a representaciones donde el reconocimiento de la imagen está velado por una compleja trama de relaciones entre las formas. De esta manera sugiere una mirada atenta que propone al espectador un espacio de múltiples sentidos interpretativos. Tomando en préstamo las palabras que Umberto Eco utilizó para explicar la complejidad narrativa de James Joyce en su ensayo Seis paseos por los bosques narrativos, podríamos explicar el proceso de Jesus Marcos afirmando que su obra es una “máquina perezosa” que obliga al espectador a hacer parte de su trabajo.

Así se advierte, por ejemplo, en sus temas de acrobacias circenses donde lucubra sobre la noción de juego, de ilusión, de desafío, en obras que representan el cuerpo humano desde una idea de fractalidad, de dispersión, como si hubiera un encarnizamiento contra la figura humana, que no es menor que su fascinación por las texturas y sus propiedades táctiles o visuales.

Con todo esto configura realismos que podríamos llamar “de nuevo cuño”, similares a aquellos desarrollados entre los años ’30 y ‘50, por compartir con ellos la idea de lo inquietante y perturbador. Y aquí llegamos a uno de los puntos nodales que vemos en el artista: el que concierne a la noción misma de “realismo”. Desde las uvas de Zeusis hasta hoy, mucho es lo que se ha debatido y, a partir de Platón que oponía la realidad verdadera a la pura apariencia, ríos de tinta han corrido en torno a la cuestión, removiendo, una y otra vez la vieja controversia sobre el arte figurativo: la de la imitación. En este aspecto, Franz Roh, en una época de crisis como la actual, en la que Europa asistía al desmoronamiento de sus valores, acuñó, en 1927, el rótulo de “realismo mágico” que entendemos aplicable al pensamiento de Marcos. En ese trabajo leemos: “La pintura siente ahora -por así decirlo- la realidad del objeto y del espacio, no como una copia de la naturaleza, sino como una segunda creación”[1]. Desde luego, esta enunciación no dista demasiado de las poéticas del surrealismo -al que hemos hecho referencia al comienzo de este texto- dado que se enmarca en un mismo espíritu de época.

En relación al collage, resulta interesante detenerse en cómo J.M. incorpora esta técnica en sus obras. De acuerdo con testimonios del propio artista, fue en México donde comenzó a trabajar con ese recurso, pero fue en Nueva York donde descubrió sus posibilidades expresivas para representar el mundo circundante. Según sus propias palabras: “estos collages fueron en buena medida los que me permitieron ver la imagen como fragmentos de la realidad y me dieron esa libertad de ordenar el mundo del cuadro según la necesidad de éste y no del mundo descriptivo y lineal”. En este sentido, también su encuentro con el cine de Einsenstein y la técnica del montaje le abrieron el camino hacia la construcción del relato quebrando con ello la lógica habitual de la linealidad narrativa.

Por su parte, el vínculo que establece con el universo de lo poético enriquece esta búsqueda de ruptura con el orden lógico. Con ello, Marcos se inscribe en una de las expresiones más inequívocas del arte contemporáneo: la del mestizaje entre géneros artísticos; así, las artes plásticas y la poesía comparten territorios comunes, siendo lábil su frontera. El interés del arte actual por la poesía alumbra una experiencia estética capaz de crear fértiles imaginarios de lo potencial. Cuando Marcos dice: “Armo mis pinturas como se arma un poema, imágenes-palabras que van configurando una realidad, un clima, una sensación, un mundo. Las imágenes se despliegan en la superficie de la obra, no narrando, sino nombrando, nombrando mundos que se entrelazan con los elementos pictóricos hasta formar un todo inseparable”, proclama, en realidad, el hecho estético como fenómeno autónomo capaz de enunciar un mundo independiente.

Marcos busca en la poesía un territorio en el que anclar su lenguaje y ampliar su conciencia. Así, su obra, despreocupada de la tradición de la mimesis y de espaldas al gran relato iconográfico, asume un proceso de refundación lingüístico capaz de proclamar una realidad nueva e inédita.
                                                                                            
[1] Roh, F., El realismo mágico. Postexpresionismo, Madrid, Revista de Occidente, 1927, citado en Realsimo. Franz Roh y la pintura europea, 1917 – 1936, catálogo de la exposición homónima, IVAM, Valencia, 1997.

Malena Babino Abril de 2007

Jesús Marcos


La estampa a mano, creando una placa-relieve en madera

Jesús Marcos se expresa en pintura, escultura y estampa. Sus destacadas obras en éste último territorio son personales xilografías, grabado hecho con una placa de madera. Si lo habitual es que el autor cree formas en la placa o taco de madera, en el caso de Marcos el trabajo se desarrolla como una proeza de cortes, tallas y collage dando como resultado el medio para su estampa a la par que bellos relieves. Recién a partir de ahí el artista hará sus propias impresiones de sus originales numerados –cada impresión requiere un proceso: preparación del papel, entintados, detallado, ajustes, fieltros, prensa, limpieza de la placa…, reiniciar.

La estampa, apellido para todas las hermanas técnicas de grabado, permite al artista expandir su contacto con el público, haciendo un pequeño conjunto de originales numerados a partir de una sola de sus imágenes. El proceso es trabajoso, lento y dedicado, por lo que el autor siempre prefiere hacer tirajes cortos para dedicarse a la creación de la siguiente nueva imágen, como es propio del espíritu de un artista. Hay quienes dan a imprimir las obras por no saber el proceso; quien conoce profundamente la estampa, la valora y atiende personalmente. Jesús estudió estampa en México con maestros notables y ha hecho culto de ella, como lo demuestran estas cuatro obras que integran la presente carpeta.

Un juego de planos y texturas que en nada pueden alimentar, la idea de una imagen mecanizada. Cada impresión es una, dedicada, expresiva, prolífica en sus motivaciones al espectador. Los blancos y negros argentino-intelectuales y los verdes latinoamericanos ceden en parte su espacio a algún café y rojo, que se filtran por las recientes exposiciones en la Península. La elegancia europea siempre está presente en su obra, más aún en las piezas concebidas especialmente para La Haya, una ciudad real.

Graciela Kartofel,   Prologo para carpeta “Pequeña música nocturna” conteniendo 4 grabados realizada para Rabobank-


Graciela Kartofel. Buenos Aires- Holanda, Nueva York, 2003

Basta echar una mirada a la bibliografía sobre Jesús Marcos para cerciorarse que mi pluma no ha estado inactiva en lo que a sus obras se refiere. En esta oportunidad, Jesús Marcos exhibe un amplio conjunto de trabajos en la Galería Palatina (arroyo 821) acompañándola con sesudo prologo del profesor Mario Presas.
No hay duda de que se trata de una muestra de muy alto nivel, posiblemente más sutil en el tratamiento matérico que al que nos tenía acostumbrados. Se trata de una mezcla de pastel con acrílico (técnica mixta) o del empleo acariciado del óleo.
La temática del artista gira en torno a la precariedad del equilibrio a que está sometida la figura humana en nuestro tiempo.
Desfilan así ante nuestros ojos, torsos, brazos, piernas y algunos rostros entremezclados con trapecios o aros o incluso algún caballo en que la fuerza rotunda de las imágenes se ve atemperada por las sutilezas matéricas a las que hice referencia.
Mundo angustiado y angustiante que sin duda responde al existencialismo que nos ha tocado vivir dejándonos pocas opciones para filosofías más esperanzadas.
Como buen artista que es, Marcos se ha dejado penetrar por la problemática del ser humano contemporáneo, transmutando la desazón en imágenes de calidad pictórica.
En arte no se expresa lo que se quiere, si se responde a una autentica necesidad expresiva, sino aquello que se impone a nuestra imaginación con la fuerza de lo inevitable. Esta inevitabilidad de estirpe griega es lo que presta credibilidad a las creaciones estéticas, llamadas a perdurar.

Rafael Squirru, diario Arte al Día. Buenos Aires noviembre de 1999.

Las nuevas pinturas de Jesús Marcos

La obra de Jesús Marcos se presenta en los circuitos artísticos de Buenos Aires en los años sesenta. La problemática estética, en ese período de proliferación creativa , procedían de diversas corrientes plásticas, cuando la construcción de un imaginario social arraigado a una historicidad cultural relevante, demostraba una gran amplitud de opciones expresivas, incluyendo el Pop Art, la abstracción geométrica, la nueva figuración, etc.

 


En los 70, el arte conceptual se caracterizó por un proceso de indagación sobre el mismo lenguaje, en ese entonces el arte de Jesús Marcos se ajustó a un referente: la pintura, pintura. El artista mostraba en esta disciplina, núcleos aprisionados de objetos relacionados con el hombre, que se construyen y deconstruyen en apretadas acumulaciones. La huella de lo humano toma en estas obras dimensiones expresivas dominantes. Zapatos, panes, sogas, paquetes que se cierran, indican un desborde controlado. El sistema figurativo fue construido sobre la base de un neo-cubismo, el espacio rebatido, la fragmentación, el plano virtual, mostraban cromatismos de atmósfera opresiva. Este sistema representativo se quebraba para poder armarse nuevamente mostrando nuevas fases de ordenamientos visivos. El artista incursiona en el grabado donde practica en México una escuela de fuerte contenido dramático, acercándose a un modelo figurativo personal.


Ha sido en la galería Palatina, Arroyo 821, donde pudimos apreciar su nueva serie de pinturas en técnicas mixtas. Los protagonistas son el hombre y la mujer vistos en el delicado equilibrio ejercido desde el trapecio circense. Estos seres ensayando piruetas y contorsiones entre barras y balancines que se mueven en el espacio, lanzan sus cuerpos en un esforzado salto al vacío. Vemos ese movimiento desde el espacio sin acotaciones, percibimos el apretujamiento de dos cuerpos fusionados sin distinguir una identidad, solo un cúmulo de brazos y piernas enlazados para no sucumbir al vértigo de esa azarosa hazaña de saltimbanquis. Si recordamos a Picasso en las escenas de circo, veríamos una rara tristeza en sus personajes, aquí podemos ver una contorsión dislocada donde se siente un desasosiego, una desesperanza. Pierre Restany citaba a estos artistas en los “nuevos realismos”, donde el cuerpo se mostraba en las antropomorfías de Ives Klein, abiertos en su interioridad sin piel, desollados, puestos en escena con su maravillosa biología humana expuesta. No podemos dejar de sentir en estas obras un reflejo de la realidad que nos concierne, en un lenguaje plástico articulado con un oficio impecable con el cual puede ejercer Jesús Marcos esta visualidad, de la cual participamos como coetáneos de esta época finisecular.  

Rosa Faccaro, diario Clarín noviembre de 1999

Las pinturas de Jesús Marcos
 
Jesús Marcos es un pintor admirable, más de una vez lo hemos manifestado así y hay que reiterarlo ahora con motivo de su nueva muestra. Esta es una de las más cumplidamente felices para caracterizar el siglo que termina, porque a través de figuras circenses este artista logra metáforas de enorme impacto, que más allá de él permiten un múltiple desarrollo metafórico. Dueño de una técnica perfecta, Marcos moldea los cuerpos a su antojo – tal como lo está haciendo con los nuestros la Historia – y en el humano rompecabezas estético, se presiente la angustia, solo que atemperada por la belleza de los soportes de exquisito cromatismo. Engañosas como pocas las pinturas de Jesús Marcos encierran en sus argumentos visibles tantas verdades como las que deseamos encontrar, tanto en el arte como en la vida.

Albino Diéguez Videla Diario La Prensa Buenos Aires 1999

La pintura de Jesús Marcos
 
Jesús Marcos no necesita dar un examen cada vez que expone, resulta a veces poco valido decir que de nuevo hay una cosa que sorprende, y lo que pasa es que Jesús Marcos vive investigándose, vive descubriendo qué posibilidades tiene él como pensador del Arte y como realizador del Arte y yo creo que el gran milagro de esta muestra es la generación de los espacios, casualmente él que trabajó siempre con acoplamiento del ser humano, pies, zapatillas o pelotas, o lo que fuera. En este momento trabaja con personajes de una suerte de circo imaginario que supongo que consciente o inconscientemente se refiere al hombre del mundo actual. Este personaje está colgado de trapecios, o se rompe, se enreda con otros personajes en algún lugar y lo sorprendente es que eso está rodeado con un espacio no virtual sino un espacio tangible donde uno puede meter las manos, es decir creo que el gran hallazgo de Marcos en esta oportunidad es ese.
La muestra es excelente porque se cuelgan muchas piezas y puede suceder que algo interese y otro no. ¡No! aquí interesa todo, creo que la muestra es valiosa para quienes quieran ver buena pintura. Marcos es un hombre que está representado no solo en Museos Argentinos, sino en muchos Museos del exterior, es un hombre que ha estado desde muy joven, vinculado a muestras internacionales. Entonces su obra tiene una prosapia, tiene una jerarquía, tiene un valor que no necesita, reitero, estar rindiendo examen, sino que siempre él hace algo más, se acerca a una variante nueva de sus posibilidades plásticas. 

Enrique Gené, Radio Nacional 1999 a propósito de la muestra de Jesús Marcos en Galería Palatina.

Las figuras de los cuadros de Jesús Marcos, paradójicamente, no son “realistas” ni “abstractas”: son como pantallazos de recuerdos ligados a la expectativa de un futuro posible pero difícil. No se refieren de modo inmediato y directo a las cosas; pero son reconocibles como alusiones. Las formas y los colores de Jesús Marcos también se balancean como las sugeridas figuras, porque maneja sus medios pictóricos como el poeta las palabras: no para designar en un discurso directo las cosas habituales, sino para connotar un mundo: las palabras – las formas, los colores – cobran entonces una dimensión substancial, y configuran ritmos, rimas, armonías y sonoridades, de los que surge aquella atmósfera ficticia en la cual únicamente puede hacerse presente lo humano.
 
Mario Presas. Profesor de Estética, Facultad de Humanidades. Universidad Nacional de la Plata: Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

Mario Presas. Prologo catalogo exposición, Galería Palatina, 1999.

Jesus Marcos (1938) nacido en Salamanca, artista de vasta trayectoria, expone en el Fondo Nacional de las Artes una faceta no muy difundida -la de grabador- iniciada en 1966. tanto en su pintura como en los grabados, su característica es la fragmentación de la imagen, figuras dislocadas, instrumentos musicales que paradójicamente se ensamblan en el centro del plano. Hacia fines de los 60 no puede soslayar la influencia del arte pop con sus vibrantes rojos y azules publicitarios, xilocollages en los que utilizó la técnica del gofrado. En la etapa actual, también xilocollages, destacamos ¨Espacio ocupado¨ ¨Estructura espacial¨ ¨Sonata para dos violines¨; si bien sigue fiel a la fragmentación, ésta ocupa casi todo el soporte haciendo ahora alarde de una serie de recursos táctiles pero de sutil apariencia. Esta disciplina le permite a Jesús Marcos, abordar sus temas con mayor ambigüedad y misterio.

Laura Feinsilber, Ámbito Financiero, Buenos Aires, 27 de agosto de 1998.

Grabados de Jesús Marcos
 

El artista Jesús Marcos lleva una larga trayectoria en nuestro país. Nacido en 1938, en Salamanca (España), conserva el acento natal a pesar del largo tiempo que vive entre nosotros. Fue asistente de Juan Carlos Castagnino y de Antonio Berni. Ha realizado unas 50 exposiciones individuales aquí, en España, en Paraguay, México, Bolivia, Brasil etc. Se lo conoce principalmente por su pintura. Ahora expone una serie de grabados, en el Fondo Nacional de las Artes.

Marcos hizo sus primeras experiencias gráficas durante su estadía en México, en 1966. Luego, pasó un tiempo en Nueva York y realizó una serie que lo acerco al pop-art.

Entre 1968 y 1970 trabaja en París un conjunto de grabados que tienen el sello del lugar y de la época. El xilocollage y los ensamblados, los grabados con relieve y el empleo de técnicas combinadas son algunos de los medios que el artista utiliza en todas sus etapas. La muestra actual pone de relieve esa versatilidad al ofrecer un panorama sucinto de los distintos periodos hasta sus realizaciones de estos días.

En estos grabados, se observa la relación que mantienen con su pintura. En muchos casos tienen un marcado carácter pictórico, además de una afinidad temática evidente, aunque en otros, la obra se muestra más gráfica.
La imagen fragmentada, los planos rebatidos y una fuerte densidad subjetiva que habla de un expresionismo controlado caracterizan estos grabados de Jesús Marcos. Tienen todos un amplio dominio del lenguaje plástico que los sitúa más allá de todo referente anecdótico y les permite alcanzar una comunicatividad propia.

Fermín Fevre Clarín, Buenos Aires 8 de agosto de 1998

JESÚS MARCOS La realidad como abstracción

Uno de los problemas que debe enfrentar el artista al crear la imagen plástica es el de poder reflejar la espontaneidad de la visión. Vale decir, recoger en su obra ese golpe de vista con que nos relacionamos con las cosas en la primera percepción que tenemos de ellas. Y es entonces cuando el creador tropieza – como lo señalara Paul Cézanne – con una situación contradictoria: mientras los objetos permanecen estáticos, la mirada se manifiesta dinámica. ¿Cómo conciliar esta relación dispar?

Por otra parte, sabemos que el arte moderno ha puesto al descubierto el mundo rico y a la vez complejo de la percepción visual. La realidad y sus apariencias; la ambigüedad de la visión y de los sentimientos, su fugacidad y sus situaciones cambiantes; la condición ilusoria del arte y el juego constante de mostrar y ocultarlo todo.

Ya los grandes artistas del Renacimiento, sus arquitectos y sus matemáticos se plantearon los problemas de perspectiva y las posibilidades de visión dadas por los distintos puntos del espacio en donde nos situamos. El escorzo, el trompe d’oeil han sido utilizados en el arte pictórico con intenciones muy diversas; tanto para afianzar la representación realistas como para negarla.

Valga esta introducción para acercarnos a la pintura de Jesús Marcos, un artista que trabaja con todos estos elementos desarrollándolos con notable riqueza. El predominio del objeto y referencias realistas en ella puede inducir a equívocos.

Si lo circunscribiéramos a esa condición de pintor realista le estaríamos restando lo sustancial de su obra; tan compleja por los distintos aspectos que presenta. Por lo demás, ello no alcanzaría a explicar el fragmentarismo de sus figuras, o la imagen duplicada y multiplicada de algunos de sus objetos. En esta muestra se ve particularmente ello en la forma de los violines. El fragmentarismo nos brinda una visión parcial de los objetos, y su disposición, que los acumula fuera de un orden realista, responde – del mismo modo – a una cuestión perceptiva.
Marcos juega, por así decirlo, con la noción de anamorfosis al establecer las relaciones de las imágenes en función de los puntos de perspectiva. Este hecho, lejos de cerrarlas, las abre en varias dimensiones de lo imaginario, valiéndose del espacio virtual. La frontalidad dominante de casi todas sus obras contribuye a esta apertura.
Con estos recursos Jesús Marcos pone en evidencia que la obra de arte se origina en la percepción y se resuelve en el campo del pensamiento.

Todo ocurre dentro de mí, se piensa en mí. Juego intersubjetivo por excelencia, que va de la realidad a la abstracción, de la percepción sensible al pensamiento.

Por eso Jesús Marcos dista de ser un pintor realista, como muchas veces se lo clasificó, ya que sus objetos no tienen validez en sí mismos, sino en cuanto son vividos por el sujeto. La pintura que produce es un vínculo de un yo a otro yo. En un encuentro de espíritus.

Su propio método de trabajo, partiendo de planos de color que se van formalizando después, hace que el objeto sea una aparición tardía al momento de configurar su obra. También lo decía Cezanne “cuando se logra el color aparece la forma”.

Sabemos finalmente, que el sentido de las obras de arte no es patrimonio de nadie; ni del creador, ni de los intérpretes o receptores. Como el deseo, combina presencia y ausencia, manteniendo siempre latente esa dualidad. Jesús Marcos logra ponerlo de manifiesto en sus pinturas.

Fermín Févre presentación catálogo Galería Soudan, Buenos Aires 1993.

Jesús Marcos, sueño y realidad.

Jesús Marcos es un diestro. Maneja con holgura los procedimientos más tradicionales del arte pictórico que lo conducen desde el óleo a las técnicas mixtas, siempre sustentado por un impecable dibujo. Si bien su arte es notablemente figurativo, la importante dosis de realismo que contiene, está puesta al servicio de imágenes truncadas, que no por insólitas resultan caprichosas.

A Marcos le interesa jugar con el tema de las perspectivas múltiples y de los planos truncos, con elementos tales como pomos, caracoles o violines que flotan en el espacio o se adhieren a hojas de papel o de telas que surgen con la pujanza del trompe de l´oeil, dando por momentos a su pintura el sabor de los más clásicos maestros. En última instancia lo que aquí acontece es un juego entre la realidad y lo imaginario, una suerte de ilusión óptica a la que nos prestamos gustosos ya que el artista logra hacernos cómplices de la revelación de su intimidad. ¿Cuál es el límite sutil que separa lo real de lo soñado? En esta ambigüedad, Marcos nos hace creer que las pistas de lo cotidiano son menos soñadas que las del resto de sus composiciones, pero lo cierto es que todo pertenece al plano de lo estético, esto es, de lo trascendente. Se trata de algo así como la obra teatral que introduce Shakespeare dentro de su Hamlet. Ello da aún mayor credibilidad a los personajes del drama, los hace por así decirlo, más corpóreos, pero en verdad todos son el producto de la ficción. Jesús Marcos también plasma cuadros dentro de sus cuadros, tan solo que no lo hace como algunos posmodernistas para establecer la simultaneidad de los estilos sino que sin introducir fragmentos de imágenes de pinturas archiconocidas. El se cita a sí mismo, confiado a la viabilidad de sus propias visiones; ello acontece de modo particular con sus desnudos, casi siempre torsos vistos desde adelante o de espaldas. Cabria meditar en torno a los resortes de una inspiración tan singular.

Aunque español, Marcos ha vivido los más de sus años en Nuestra América. Conoce bien México y la Argentina, donde reside. Creo que parte de su ambigüedad está dictada por esta doble pertenencia. Como crítico americano lo veo más cerca de España, pero no por ello dejo de reconocer elementos que lo ligan a nuestra tierra. Creo que el empleo de los colores y de la luz y en sus consecuencias atmosféricas Jesús Marcos está estrechamente emparentado con la creatividad de nuestro continente, pero en sus intuiciones espaciales se me revela como netamente europeo. Se trata de espacios limitados como quería Cezanne, espacios más humanos, menos cósmicos que los que proponen pampa y cordillera. No es la suya, empero un alma escindida, esquizofrénica, todo lo contrario, el suyo es un triunfo de la integración, de enriquecimiento, de incorporaciones. Y ello es así porque como todo auténtico creador Jesús Marcos es dueño del núcleo central de una fuerte personalidad, capaz de incorporar, sin desnaturalizarse.

Siempre pensé que era un artista de excepción. Cada año que pasa es una confirmación de aquella, mi primera impresión.

Prologo para exposición en Galería Luisa Torres, Valencia, España 1992

Rafael Squirru. Fundador y primer director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Jesús Marcos, sueño y realidad.

Jesús Marcos es un diestro. Maneja con holgura los procedimientos más tradicionales del arte pictórico que lo conducen desde el óleo a las técnicas mixtas, siempre sustentado por un impecable dibujo. Si bien su arte es notablemente figurativo, la importante dosis de realismo que contiene, está puesta al servicio de imágenes truncadas, que no por insólitas resultan caprichosas.

A Marcos le interesa jugar con el tema de las perspectivas múltiples y de los planos truncos, con elementos que flotan en el espacio, que surgen con la pujanza del trompe de l´oeil, dando por momentos a su pintura el sabor de los más clásicos maestros. En última instancia lo que aquí acontece es un juego entre la realidad y lo imaginario, una suerte de ilusión óptica a la que nos prestamos gustosos ya que el artista logra hacernos cómplices de la revelación de su intimidad. ¿Cuál es el límite sutil que separa lo real de lo soñado? En esta ambigüedad, Marcos nos hace creer que las pistas de lo cotidiano son menos soñadas que las del resto de sus composiciones, pero lo cierto es que todo pertenece al plano de lo estético, esto es, de lo trascendente. Se trata de algo así como la obra teatral que introduce Shakespeare dentro de su Hamlet. Ello da aún mayor credibilidad a los personajes del drama, los hace por así decirlo, más corpóreos, pero en verdad todos son el producto de la ficción. Jesús Marcos también plasma cuadros dentro de sus cuadros, tan solo que no lo hace como algunos posmodernistas para establecer la simultaneidad de los estilos sino que sin introducir fragmentos de imágenes de pinturas archiconocidas. El se cita a sí mismo, confiado a la viabilidad de sus propias visiones. Cabria meditar en torno a los resortes de una inspiración tan singular.

Aunque español, Marcos ha vivido los más de sus años en Nuestra América. Conoce bien México y la Argentina, donde reside. Creo que parte de su ambigüedad está dictada por esta doble pertenencia. Como crítico americano lo veo más cerca de España, pero no por ello dejo de reconocer elementos que lo ligan a nuestra tierra. Creo que el empleo de los colores y de la luz y en sus consecuencias atmosféricas Jesús Marcos está estrechamente emparentado con la creatividad de nuestro continente, pero en sus intuiciones espaciales se me revela como netamente europeo. Se trata de espacios limitados como quería Cezanne, espacios más humanos, menos cósmicos que los que proponen pampa y cordillera. No es la suya, empero un alma escindida, esquizofrénica, todo lo contrario, el suyo es un triunfo de la integración, de enriquecimiento, de incorporaciones. Y ello es así porque como todo auténtico creador Jesús Marcos es dueño del núcleo central de una fuerte personalidad, capaz de incorporar, sin desnaturalizarse.

Siempre pensé que era un artista de excepción. Cada año que pasa es una confirmación de aquella, mi primera impresión.

Rafael Squirru. Buenos Aires 1992 /Fundador y primer director del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

EL DIBUJO DE JESUS MARCOS

México, Nueva York, París, jalonaron el largo deambular de Jesús Marcos, artista español formado en la Argentina. Cada instalación -que creía breve- lo llevaba en su presunta urgencia temporal al lenguaje del dibujo. Dos razones pesaban en la opción: la posibilidad del registro rápido de una realidad acuciante y nueva, y la facilidad de ejecución que no necesita de un taller estable. Las estadías se prolongaban más de lo previsto dando tiempo a la multiplicación de los dibujos. A la hora de la partida fueron éstos, los dibujos, quienes acompañaron a Marcos en su peregrinaje y hoy son el mejor y más seguro registro de su evolución estética.

Las obras reproducidas son piezas de distinta data y fueron elegidas a fin de trazar un desarrollo conceptual que va desde las fechadas en la década del setenta hasta las más recientes. El periodo de tiempo involucrado determina cambios substanciales de recursos y tratamiento, pero es innegable que un hilo conductor asegura la filiación. Diríase que un planteo de tensión entre espacio y forma es acometido desde diferentes ángulos de resolución. Así los datos obtenidos de la realidad sensible son procesados mediante fragmentaciones, metamorfosis y transformaciones que van desde la composición trabada, casi sin atmósfera, a la invasión del fondo sobre la forma. La complejidad compositiva es siempre elevada y Marcos sale airoso de estos planteos riesgosos.

Cuando recurre al color éste actúa sin estridencias, al modo de iluminación de la gráfica. Pero es en la severidad del registro de valores donde el artista desarrolla en plenitud sus propuestas. Lo acompaña el sólido aporte de la composición que en su caso conoce los rigores de la lección cubista. A partir de ella puede levitar las formas, transformar la gravitación, eximir de pesantez a los volúmenes; o transformar en signo trágico la acumulación de calzados, dándoles un protagonismo absoluto que reconoce su ilustre antecedente en los zuecos que dibujara el holandés Vincent Van Gogh. Una vez más el arte participa de la metáfora poética y reitera su condición de significante más allá de la representación, de la figuración, que le sirve de vehículo.   

Elba Pérez 40 Dibujantes Argentinos, Buenos Aires 1987.

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